Bueno, el día del sábado no podía terminar con la vuelta a Stuttgart desde Tübingen. Yeray, Cris, Carlos y yo (los españoles de la HdM), habíamos hablado de quedar para cenar, se lo comentamos también a Aldo, el mexicano del grupo. Pero ya hablamos de hacer tortilla de patatas, pensamos en invitar al resto. Pero todo esto sin tener en cuenta la cantidad de patatas y huevos teníamos.
Por eso, quisimos hacernos a la idea de que no vendrían muchos, se pasaban el día bromeando y asombrándose porque los españoles teníamos unos horarios muy raros para comer, y como los citamos a las 10 de la noche, pensamos que alguno se rajaría. Finalmente el único que se echó para atrás fue Aldo, al que habíamos invitado primero.
Total, que menos mal que algunos habían traido cosas de sus propias cocinas en plan embutidos, y esas cosas, y no se si Elie u Olja trajo un par de paquetes de uvas que luego darían mucho juego para poner fin a esta improvisada fiesta española.
Empezamos a hacer tortillas con la mala suerte de que cogemos una sartén que nada más echar la mezcla se pegó por completo, por lo que no tuvimos más remedio que sacar un primer plato de revuelto de patatas y huevo.
Al final salieron bastante bien y a esta gente le gustó, al menos eso decían. Aunque la pobre Olja se escandalizó cuando vió la cantidad de aceite que usábamos para freir las patatas.
Eramos españoles y esto no podía terminar así, por lo que se nos ocurrió aprovechar las uvas que habían traido para enseñarles la tradición de las campanadas de fin de año con las doce uvas. Obviamente repartimos las más grandes para facilitar los típicos atragantamientos. Si alguno sois amigos mios en facebook, podeis ver los vídeos del momento.
La verdad que fue la noche que más me he reido desde que estoy en Stuttgart, sobre todo cuando después se fueron todos y vimos los videos tranquilamente en el ordenador de Cris. Fue todo muy improvisado y las campanadas las daba Cris con una espumadera y una sartén, mientras Carlos se reía a carcajadas para hacer reir a los demás mientras comían las uvas.
Por eso, quisimos hacernos a la idea de que no vendrían muchos, se pasaban el día bromeando y asombrándose porque los españoles teníamos unos horarios muy raros para comer, y como los citamos a las 10 de la noche, pensamos que alguno se rajaría. Finalmente el único que se echó para atrás fue Aldo, al que habíamos invitado primero.
Total, que menos mal que algunos habían traido cosas de sus propias cocinas en plan embutidos, y esas cosas, y no se si Elie u Olja trajo un par de paquetes de uvas que luego darían mucho juego para poner fin a esta improvisada fiesta española.
Empezamos a hacer tortillas con la mala suerte de que cogemos una sartén que nada más echar la mezcla se pegó por completo, por lo que no tuvimos más remedio que sacar un primer plato de revuelto de patatas y huevo.
Para la segunda cambiamos de sartén. Mira que son buenas estas sartenes de dos euros de ikea (jeje). Como queríamos hacer una con cebolla y otra sin cebolla, ya estábamos cortos de huevos, menos mal que Joonas tenía en su cocina y los aportó.
Eramos españoles y esto no podía terminar así, por lo que se nos ocurrió aprovechar las uvas que habían traido para enseñarles la tradición de las campanadas de fin de año con las doce uvas. Obviamente repartimos las más grandes para facilitar los típicos atragantamientos. Si alguno sois amigos mios en facebook, podeis ver los vídeos del momento.
La verdad que fue la noche que más me he reido desde que estoy en Stuttgart, sobre todo cuando después se fueron todos y vimos los videos tranquilamente en el ordenador de Cris. Fue todo muy improvisado y las campanadas las daba Cris con una espumadera y una sartén, mientras Carlos se reía a carcajadas para hacer reir a los demás mientras comían las uvas.
Aunque estas cosas contadas pierden un poco su gracia, espero que la hayais disfrutado y al menos os hayais reido un poco en este ratito que dedicais a leerme.
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