lunes, 15 de septiembre de 2008

Día 3: Con cuenta bancaria alemana

Lo peor es que no pasé buena noche y me quedé dormido por la mañana. Quería ir a hablar con el Hausmeister, pero los viernes sólo está de 8 a 9 de la mañana, por lo que no llegué obviamente. Así que fui directo BW Bank a abrir mi cuenta bancaria en Alemania. Como pude me defendí en inglés y creo que se lo que tengo.

Al salir del banco estaba lloviendo una barbaridad por lo que cogí una mojada impresionante, y yo en mangas cortas (aún me creo que estoy en La Línea). Volví a mi habitación para hacer tiempo hasta la hora de comer porque aquí no tengo paraguas.

Había quedado con Berta y con Ana para comer en la mensa. Ellas salían del curso de idiomas a las 13.30, por lo que me venía perfecto. Me costó bastante encontrarlas. Ya que el sitio en el que había estado el día anterior no era el comedor, sino la cafetería. Fue Alberto, un chico de Granada, el que me dijo dónde podrían estar. Comí un plato de pasta por dos euros. Así da gusto.

Íbamos a ir por la tarde al centro comercial de Vaihingen, pero a comprar al Aldi, no al Kaufland, noté bastante la diferencia de precios y seguí llenando mis armarios de cocina de comida sin tener aún nada con qué cocinar.

Fuimos Ana, Marcos y yo en el coche de Marcos que se lo trajo desde Barcelona y cuando volvimos llamé a Mayra una chica mexicana que ya conocía por internet y quedé con ella. Como aún estoy muy verde en el tema del s-bahn, vino ella hasta 'Universität' y después de enseñarle un poco el campus y mi resi, le tocaba a ella enseñarme el centro de Stuttgart. Estuvimos por la avenida principal, vimos por fuera el castillo, un lago que está genial, uno de los record guines más absurdos que he visto (un telón gigante en mitad de la plaza principal). Y luego buscamos un sitio para comer.

Obviamente, estábamos en Alemania, eran las 19.30 horas y todos los sitios en los que intentábamos entrar estaban cerrando. Acabamos comiendo en el Mc Donald.

Schlossplatz

A las 21 volví al campus y fui a buscar a los españoles, que iban a salir. Estuvimos en la cocina de Ofelia. Empezamos 5 ó 6 y acabamos hasta casi más de 15 cuando llegaron los mexicanos. Hablando con ellos me enteré por fin de que uno, Andrés, era vecino mío, vivía en mi misma planta y la verdad que me tranquilizó bastante.

Eran las 12.30 de la noche, y como al día siguiente tocaba madrugar para ir a Ikea pues tocaba dormir un poco.

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