El de hoy se puede considerar como uno de esos días inolvidables y que te marcan por ser prácticamente perfecto. Esto viene a demostrar que no se puede esperar nada ni positivo ni negativo de aquellas cosas que están por venir. Y digo esto porque la verdad no tenía muchas ganas de viajar a Tübingen en un principio, no porque no me llamara la atención, había visto fotos y me encantaba, pero el simple hecho de sustituir algo tan popular como el Oktoberfest por una visita turística, o tener que recogernos tan temprano ayer cuando estábamos a gusto en el Volkfest hacía que no tuviera muy buenos augurios para esta excursión.
Pero fue todo lo contrario. El día prometía. Hizo uno de los mejores días que he tenido desde que llegué hace 18 días. Sol radiante, día despejado y, aunque a las 8 de la mañana hacía más frio que en La Línea en invierno, al final resulto un día hasta caluroso para ir en mangas cortas.
Cogimos el tren desde Haubtbanhof a las 21.22 horas, sí, en Alemania son así de puntuales, ni un minuto más, ni un minuto menos. Justo una hora más tarde, llegamos a nuestro destino donde Frau Vera (esto va por Carlos), la profesora del otro grupo del curso intensivo de alemán, nos estaba esperando para hacernos de guía oficial.
Acabábamos de llegar a Tübingen y alguno necesitaba un café para aguantar toda la mañana después de la fiesta del día anterior. Unos minutos de espera y nos disponíamos a desplazarnos hasta nuestro primer destino.
Ya había buscado fotos días atrás sobre la ciudad y esta primera parada me resultaba familiar. Se trata de la fachada del río Neckar, una estampa preciosa desde el paseo de la platanena. Además, al estar el día perfecto el reflejo del agua daba una imagen espectacular de las coloridas fachadas. Los paseos en barca al estilo veneciano alegraban más aún el paisaje.
Tras un paseo por el parque este que bordea el río visitamos la residencia de estudiantes de la ciudad. Aquí es donde se quedaban aquellos que recibían becas de estudios y alojamiento, eran estudiantes de teología y ese tipo de carreras. Aprovechamos el paseo para tomarnos algunas fotos simpáticas en puntos atractivos.
Ilona (Polonia) y yo
Tras visitar el castillo, que ahora es parte de la universidad, donde se estudian algunas licenciaturas, fuimos a la plaza del mercado, uno de los puntos que más me gustó de la visita, donde se encuentra el Rathaus (ayuntamiento) que tiene un diseño peculiar.
Plaza del mercado y Rathaus
Un pequeño descanso de una hora y poco aunque no nos movimos mucho del lugar. A la 13.30 horas fuimos a probar la comida típica en un bar clásico de la zona. Como no me enteraba de nada, me pegué bien a Aldo para que me informara de lo que había en la carta. Al final pedí lo mismo que él, una especie de plato combinado que traía un poco de todo: salchicha, filete de jamón, cerdo, un ravioli enorme relleno de espinacas, una salsa de col, patatas cocidas y spetzler, una pasta típica de la tierra que, aunque a primera vista parecen gusanos, luego resultó ser lo más bueno del plato.
Joonas (finlandia), yo, Aldo (México) Abajo: Adrien (Suiza)
Comimos y nos dispusimos a terminar nuesro recorrido aunque ya bastante más cansados que por la mañana. Visitamos la catedral por dentro, que la verdad no es gran cosa porque es bastante moderna en su interior. Lo peculiar es la posibilidad de subir gratis hasta la torre de la misma, con tan mala suerte que coincidía que las campanas iban a sonar. Entre el ruido ensordecedor y la estrechez de las escaleras, se me hizo eterna la subida, pero el resultado valió la pena con creces.
Después visitamos un nuevo edificio de la universidad, para terminar nuestro recorrido al otro lado del rio Neckar, en la casa-museo del poeta alemán Friedrich Hölderlin. No os lo he dicho, cada uno de los compañeros del otro grupo del curso de alemán, hacían las explicaciones del sitio en cuestión. Obviamente no me enteraba de nada, pero en este último lugar, Cris de Barcelona leyó una poesía de este personaje. Lo simpático de la historia es que también había traido versiones francesas, española, catalana, inglesa y finlandesa, para que cada uno la leyera en su idioma. Fue una experiencia multicultural simpática que hace que te des cuenta de como 20 personas tan diferentes, que no se conocen de nada, que entre algunos de ellos existe una barrera como es el idioma muy difícil, y que en tan poco tiempo hayamos compartido tantos buenos momentos, como el de anoche que ya escribiré mañana en otro post.
Por último os dejo una imagen curiosa, y es que en una de las casas de Tübingen se mira mucho por los animales. En una fachada había una tabla con pequeñas tablitas clavadas cada varios centímetros a modo de escalón desde el sueño hasta el tejado. La función de esto es facilitar la escala a los gatos. Abajo os dejo una foto de otra rampa de estas situada en el lateral de la casa, pero esta acaba en una trampilla para que el gatito pueda entrar directamente en la casa.
Por cierto, finalmente se me fastidió el plan de Strasbourg, así que lo aplazaremos para otro fin de semana. Hay tiempo. Mañana por lo pronto jugamos al fútbol por la tarde.
Por último os dejo una imagen curiosa, y es que en una de las casas de Tübingen se mira mucho por los animales. En una fachada había una tabla con pequeñas tablitas clavadas cada varios centímetros a modo de escalón desde el sueño hasta el tejado. La función de esto es facilitar la escala a los gatos. Abajo os dejo una foto de otra rampa de estas situada en el lateral de la casa, pero esta acaba en una trampilla para que el gatito pueda entrar directamente en la casa.
Por cierto, finalmente se me fastidió el plan de Strasbourg, así que lo aplazaremos para otro fin de semana. Hay tiempo. Mañana por lo pronto jugamos al fútbol por la tarde.
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