lunes, 15 de septiembre de 2008

Día 1: Llegada a Stuttgart

El avión desde el autobús de la terminal

¿Quién iba a decir que la cuenta atrás llegaría en algún momento a su fin?. El miércoles toqué por fin suelo alemán después de meses esperando ese momento. La verdad es que a día de hoy aún no tengo claro donde me he metido ni por cuanto tiempo. En estos momentos tengo muchísimas cosas en el aire y la verdad es que apunta a que en muchos sentidos va a ser un poco dura la experiencia, al menos al principio mientras me adapto.


Aproximadamente a las cuatro de la tarde del miércoles llegué al aeropuerto. Allí me recogió mi 'buddy', Kat que me acompañó hasta la residencia. Vivo en Pfaffenhof I, en el bloque 48B, habitación 206 (por si os coge de paso). La verdad es que la habitación está bastante bien. Es amplia, con muchos estantes y una mesa bastante grande. La cama también es cómoda.


La gran decepción me la llevé con la cocina. Es una unténtica cochiquera, la basura parece que no la han recogido en semanas, llena completamente y ro

deada de moscas, un horror. Además, huele fatal.


La verdad es que este fue el momento bajón de mi llegada. Después fuimos a 'Kaufland', un supermercado que hay en un centro comercial en Vaihigen, está a tres paradas en autobus. Compré cosas básicas para los primeros dias: cereales, leche, agua, huevos, pasta, arroz... pero no se si atreverme a usar la cocina, la verdad. Por cierto, esto es carísimo.

Después quedamos con el novio de Kat y fuimos los tres a comprar una almohada y un edredón nórdico que lo agradecí esa noche. La verdad es que está muy bien porque el dinero me lo devolverá la facultad ya que ellos mismos se encargan de proveerme estas cosas, así como los billetes de s-bahn (el metro) de los primeros días mientras me dan el que me vale para el semestre entero. Sobre el juego de ropa de cama, el pack no incluía sábana bajera ni sábana, por lo que esa noche usé una bajera que traía en el equipaje, pero era más corta que el colchón, por lo que tuve que hacer malabares para encajarla.


La verdad es que a veces resultaba un poco incómoda la situación ya que mi inglés hablado es demasiado básico y escuchando entendía la mayoría de las cosas por el contexto, pero me costaba mucho trabajo explicarme.


Primera cerveza alemana


Después fuimos a cenar a una pizzería bastante asequible, pero con un servicio lamentable, creo que es el primer local que conozco que casi te trae antes la comida que la bebida. Terminamos de cenar, y cogimos de nuevo el metro de vuelta. Ellos se quedadon una parada antes que yo y ya seguí hasta la universidad.


La verdad es que por la noche da un poco de miedo andar solo por el campus. Está bastante poco iluminado, y ese primer día estaba la niebla muy baja, requisitos mínimos de una película de terror. Pero es un sitio muy tranquilo y no tiene pinta de ser peligroso. Llamé a Andrea, una chica española de la universidad de Valencia y quedé con ella en media hora. Dejé las cosas en mi habitación, volví a echar un vistazo a la cocina para asegurarme de que fuera real lo que vi antes y fui a buscarla.


Después de una hora dando vueltas por Straussacker III me di cuenta de que eso no era Allmandring I. Finalmente encontré su bloque. Luego nos fuimos al de Ofelia, una chica asturiana, que habian quedado allí para cenar.


Allí pude conocer a Pablo, a Marcos y a Pol, que junto a ellas dos son con los españoles que más hablé el primer día. Después de su cena, fuimos al bar de Pfaffenhof que abre los miércoles y en el que te venden la cerveza a un euro (no demasiado fría, hasta del tiempo), y las copas a dos euros. Más de uno que yo me se vendría aquí a vivir nada más que por eso.


En el bar conocí a más españoles, con algunos de ellos ya había hablado por messenger los meses anteriores como Patri o Roi, y unos chicos de Madrid que viven en Moringuen, entre muchos otros que no recuerdo bien sus nombres.


La verdad es que este ratillo hablando en español me sirvió para tranquilizarme y descansar un poco de mi estresante llegada.


No estuve demasiado tiempo esa noche. Estaba agotado y necesitaba una ducha como el comer. Por cierto, no compré toallas esa tarde y Andrea tuvo que prestarme una suya. Me salvó la vida.


Me volví a eso de las 12.30 horas, me duché y preparé la cama un poco. Me costó dormirme la verdad pero descansé bastante y la habitación es muy cómoda y silenciosa, ya que mis vistas dan al bosque y lo más que he llegado a escuchar es algún pajarillo al amanecer.

No hay comentarios: